Hace algunas semanas acompañé a mi mamá a ver ropa para la fiesta. Y ella se tomó la salida así de literal: ¡¡¡solo ver, de probarse ni hablemos!!!
Entramos a varios locales y me di cuenta de que ni siquiera se sacaba las manos de los bolsillos para husmear en la ropa colgada. Veía lo que le mostraban las vendedoras o yo. Y ni que hablar de sacarse el abrigo y probarse algún modelo para ver como le quedaba.
En fin, reconozco que mi pobre madre tuvo que remar con mi mal humor habitual de los sábados, pero después algunas miradas incisivas conseguí que se probara algunas cosas.
Esto recién empieza, nos esperan más caminatas y recorridas hasta que finalmente encuentre su vestimenta.
27 de junio de 2009
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