Elegí como padrino de casamiento a mi tío, el hermano de mi mamá, que vive desde hace muchos años en Brasil. Papá ya no está, en la familia somos muchas mujeres y sentí desde el primer momento que era la persona indicada para ocupar ese lugar.
A pesar de las distancias que nos separan desde que tengo conciencia, se mantuvo siempre cerca, cariñoso y atento a que nos pasaba a las sobrinas acá. No compartimos más que ocasionales vacaciones nuestras en Florianópolis, pero tengo el recuerdo de su llamado alegre en cada uno de mis cumpleaños y una forma de estar cerca que nada tiene que ver con formalismos.
Ahora pienso en mis sobrinos que están lejos, y ojalá pueda construir en ellos algo de lo que hizo mi tío con nosotras y transmitirles la seguridad de que pueden contar conmigo.
28 de septiembre de 2009
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